
Fabián, 17 de Mayo de 2009.
Pueden escribirse miles de sesudos ensayos o cientos de libros de filosofía para dar a conocer determinada concepción del universo... o bien puede, para conseguir el mismo fin, filmarse una gran película: Undisputed (Walter Hill)
domingo 17 de mayo de 2009
Undisputed - Walter Hill
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viernes 20 de febrero de 2009
Johnny Guitar: Lo circular

Fabián, 20feb09
En Johnny Guitar de Nicholas Ray, una guitarra o una pistola son, en primer lugar, una guitarra y una pistola. Cumplen las funciones para las cuales fueron diseñadas. Es decir, se corresponden perfectamente con la trama. No son elementos introducidos “de facto” por el director para simbolizar algo que él conoce y que el espectador, tal vez, ignora.
Hecha esta aclaración, podemos hacer otras lecturas.
Johnny Guitar está pautada por el círculo (La ruleta, el vaso que gira en círculo sobre el mostrador, el agujero de la guitarra, la araña que ilumina el salón)
El círculo, lo circular, representa, a grandes rasgos, el “todo”. Una imagen del Universo. La unidad.
El círculo, como sabemos, comienza (lo correcto sería decir que no comienza ni termina)en cualquier punto de su circunferencia, da una vuelta circular perfecta para terminar en el mismo punto, allí donde empezó. Para volver a empezar otra vez. Un eterno retorno. Un ciclo.
A ese círculo que contiene “todo”, en términos simbólicos, lo podemos dividir con una línea horizontal y obtener dos partes del "todo": La de arriba, la celestial, lo eterno, lo sagrado, lo espiritual por un lado y la de abajo, la terrenal, lo temporal, lo profano, lo material por el otro.
Esa línea horizontal que separa los dos aspectos puede ser atravesada (por un puente –de allí la palabra pontífice- por un pasaje, un nexo) permitiendo que lo celestial descienda a lo terrenal y que lo terrenal pueda tener acceso a lo celestial.
Volvamos ahora a lo circular, al eterno retorno, al ciclo, y pensaremos en la simbología del árbol que, también entre otras cosas, representa perfectamente el ciclo de nacimiento-crecimiento-muerte (y nacimiento otra vez a partir de la semilla)
El árbol, a su vez, contempla, en si mismo, los dos aspectos mencionados anteriormente: las raíces en la tierra, la copa en el cielo. Unidos ambos estamentos por el tronco (el puente, el nexo).
(Para el Cristianismo, Jesús representa, con la cruz hecha de troncos, el puente, el nexo entre los dos "mundos": el terrenal y el celestial)
En Johnny Guitar los dos aspectos del “todo” se comunican por “puentes”.
La escalera que Vienna baja y sube, una y otra vez, hace las veces de "puente". Desde arriba (su oficina) hacia abajo (el saloon) y de abajo hacia arriba. Desde lo “celestial” (El conocimiento, la verdad, la luz. Viena, la ciudad europea representaba esa idea. En su oficina puede verse un busto de Beethoven) a lo “terrenal” (el mundo material, el mundo del instinto, de lo revólveres, del dinero, del sexo)
Un puente (de troncos) une, también, los dos mundos que confrontan en ese lugar del oeste americano. Para llegar a “lo de Vienna” es preciso atravesar ese puente de troncos. ¿Cuántas veces las hordas asesinas lo atravesarán sin que se modifique su conducta? No todo pasaje conduce al “cielo”. Depende del caminante.
(El rito, en las distintas culturas, cumple la función, como un puente, de comunicar los dos mundos. El rito vacío, claro, no conduce a ningún lugar)
Vienna, a su vez, es un puente (querrán colgarla del puente, por supuesto). Un puente para que Johnny deje sus pistolas (lo material, lo instintivo, lo sensual) y acceda a la otra vida. Johnny vuelve de la guitarra a las pistolas a la primera oportunidad. Vienna, su puente, se desencanta.
La araña circular del saloon sube y baja con sus luces. La malvada Emma, el diablo, la tirará abajo definitivamente y las llamas destruirán el local. Es el infierno que dice presente.
Vienna también debe bajar al "mundo" de Johnny para salvarse (defenderse con armas del ataque de Emma) No puede ser de otro modo, las dos partes componen el "todo".
Finalmente, juntos, Johnny y Vienna, atravesarán otro “puente”, otro “pasaje”. El de la cascada. Juntos, purificados por el agua, accederán a la instancia superior del círculo (lo completarán. Las dos partes se han unido a través del puente)
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lunes 16 de febrero de 2009
Operación Valquiria. La ética y la mirada

Fabián, 16feb09
Todos vamos a morir. Algunos dentro de ochenta años, otros dentro de treinta, otros mañana. Las valquirias elegirán. Este sí, aquel no. ¿Cómo viviremos el lapso terrenal? ¿Cómo seremos juzgados una vez que termine la guerra (la vida) sino por nuestra actuación en ella?
El mundo de post guerra (el Gran Juez) nos condenará a todos los alemanes por igual (al género humano) si no actuamos para cambiar las cosas, reflexiona el coronel Stauffenberg.
El coronel Stauffenberg está escandalizado. No puede soportar lo que “ve” en su patria. Ha perdido un ojo y una mano, recientemente, en una acción de guerra.
Jesús en El Sermón de la Montaña: “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”
El ojo (la mirada, la postura ética) pauta este bienvenido film de Bryan Singer.
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lunes 2 de febrero de 2009
La Sombra de Una Duda
Además de las obviedades escritas en cuanto medio haya acerca de las soberbias actuaciones de la experimentada Meryl Streep y el simpático Phillip Saymour Hoffman, sería interesante destacar un poco el tema que parece abordar el film dirigido por John Patrick Shanley y que tiene relación con los vientos de cambio que proponía el Vaticano luego del Concilio II a mediados de la década del ‘60. Una iglesia partida en dos que sucumbe ante los vientos de cambio de una post-modernidad que se viene con todo un despliegue de tentaciones. “El mundo se está derrumbando” le dice el jardinero a la rígida Hna. Aloysius luego de la caída de una rama que casi mata a una monja. Ese universo compacto controlado en base al miedo y que el imaginario asocia tanto a la idea de “iglesia” parece no tener lugar en el nuevo mundo y por ende la naturaleza misma contribuye a su decadencia. En una de las escenas del film se nos muestra la silenciosa cena de las monjas, enmarcadas en una austeridad tan sombría como otoñal, contrapuesta por montaje al exhuberante y risueño banquete de los curas (jazz, cigarrillos y alcohol). Está claro que en este barajar y dar de nuevo, las ideas venideras no se llevan de la mano con las antiguas. El iluminismo del progreso que al principio es destruido por la doctrina clásica comienza a colarse de a poco. Recordemos como durante el film la Hna. Aloysius mantiene las persianas cerradas de su despacho, secuestra radios portátiles a los alumnos, niega canciones que se oponen a los tradicionales villancicos y rechaza las golosinas (tal vez signo asociado a la tentación en la niñez) pero una vez entrado al segundo acto de la película su postura va cediendo. Y comienza a usar esa radio que le recuerda que alguna vez estuvo casada o sea que tuvo otra vida. La modernidad ya comenzó a tentarla y por ende a cuestionar sus votos.
En medio de este caos surge el episodio que genera la duda en la que va a girar la trama principal del relato. La joven Sister James (personaje que encarna la lucha expuesta anteriormente y que termina ofreciendo una síntesis posible) cree haber visto un episodio de abuso por parte del padre Flynn. Esta sospecha se encuentra fundada en base a la política de inquisición ejecutada por la “vieja iglesia”. Prueba de ello es cuando Aloysius le sugiere a James que utilice la foto de un Papa como un falso espejo retrovisor para vigilar a los alumnos a lo que James responde que ese pontífice está muerto. No sólo ese Papa está fallecido, también una de las monjas se está quedando ciega e incluso al final hasta la mismísima Hna. Aloysious declara que tiene dudas acerca de su Fe. Está claro que hay una forma clerical que está desapareciendo. Del otro sector, el del progresista padre Flynn, si bien no hay dudas, tampoco certezas. En medio de este dilema aparece el conflicto racial propio de la época ya que justo el chico que supuestamente sufre el abuso es negro. El cura termina abandonado la parroquia dejando
un manto de sospecha acerca del terrible hecho que se lo acusa. El espectador puede leer su renuncia como una confesión o bien como gesto de aceptación de las viejas reglas de la iglesia que lo invita a seguir su camino en otro lugar. Quisiera aclarar que no existe tal certeza y es interesante que el film no intente develarla en ningún momento ya que eso atentaría mortalmente contra su espíritu. Por eso, al final brota de los labios de la Hna. James una sentencia desgarradora que reza “Creo en el Padre Flynn pero no puedo dormir por las noches” a lo que Aloysious responde en llanto “Tengo dudas”. Es imposible comenzar de cero porque cualquier renovación cargará a cuestas aquellos elementos del pasado que no pudieron resolverse.
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jueves 13 de noviembre de 2008
Ángel Faretta. Espíritu de simetría
Ernesto Palacio decía, a propósito de la reedición de “Catilina” en 1945, cuya primera edición se había agotado hacía ya varios años y sus ejemplares resultaban inencontrables, lo siguiente: “Se da el caso de que la mayor parte de las personas que recuerdan hoy su existencia, lo conocen -y hasta lo elogian- por simple tradición oral y sin haberlo leído. Es la situación más envidiable para un autor, pues lo asimila a los clásicos...”
Algo semejante ocurría -hasta su reciente aparición, reunidos en forma de libro, bajo el título de “Espíritu de simetría”- con aquellos escritos que firmara Ángel Faretta en la revista “Fierro” entre los años 1984 y 1991. La tradición oral los había conservado -y en algunos casos deformado a gusto del expositor de turno- en el imaginario colectivo.
Estamos ante la oportunidad, entonces, merced a la iniciativa de Editorial Djaen, de acceder a un material revelador, imprescindible para todo aquel que aspire a “entender” el cine, lejos de la superficialidad de los periódicos y del estereotipo banal de las revistas especializadas. Un material, podríamos agregar, que ha superado largamente -al decir de Borges- la prueba del tiempo.
Al momento de abordar la lectura de esta obra con destino de clásico, conviene recordar la posición casi unánime adoptada por la crítica especializada en la argentina antes, durante y -en algunos casos de necedad extrema- aún después de la aparición de estos escritos.
Dicha crítica dividía las aguas entre lo que denominaba “cine arte” y lo que consideraba mero “entretenimiento” o “cine comercial”.
En la primer vertiente, a grandes rasgos, ubicaba a la mayoría del cine europeo y en la otra a la casi totalidad del cine americano (con excepción de aquellos autores reivindicados por los franceses y que, muy a su pesar, no les quedaba más remedio que considerar)
Ángel Faretta vino -con aquellos escritos- a poner las cosas en su lugar. En otras palabras, a revolucionar aquellos valores establecidos -a fuerza de repeticiones y afirmaciones infundadas- por un grupo de críticos desorientados que veían al cine como una extensión de la literatura o el teatro y acudían presurosos a aplaudir los desvaríos de cuanta moda experimental pasara por allí. Ángel Faretta vino, decíamos, a elevarlo, como debe ser, a la categoría de arte autónomo, a mostrarlo como el gran suceso artístico ocurrido durante la era moderna que, con la capacidad de autoconciencia de sus máximos creadores, hacía morder el polvo a la mismísima “modernidad”.
¿Carpenter? ¿De Palma? ¿Friedkin? ¿Cameron? ¿Weir en América? ¿era posible, por aquellos dias, tomar en serio a estos cineastas y elevarlos a la categoría de “autores”?. Faretta -el teórico atrevido, el riguroso erudito, el revolucionario, el exégeta contumaz- se tomó el trabajo de hacerlo. y lo hizo.
De toda la literatura universal -decía Emerson prologando “El Banquete”- sólo a Platón puede aplicarse con justicia la fanática sentencia de Omar sobre el Corán: “Quemad las bibliotecas, porque en este libro está cuanto hay en ellas”
Dando por cierta la premisa de Emerson y lejos del fanatismo de Omar, nos atrevemos a sugerir que, al menos, se coloque en un lugar de privilegio y de fácil acceso, en todas las bibliotecas, el “espíritu de simetría” de Ángel Faretta.
Fabián Slongo
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lunes 20 de octubre de 2008
The Last Wave (La última ola), de Peter Weir
Por Fernando Alejo Cellier, 21 de octubre de 2008
Los protagonistas de las películas de Peter Weir evolucionan, son unos al principio y otros, muy distintos, al final. En The Last Wave el protagonista, David Burton, encarna a un tipo de hombre moderno honesto que ignora una antigua y extraña verdad, la cual será catalizada hacia él mediante otro personaje hasta provocar una anagnórisis –darse cuenta- y la consiguiente fractura del paradigma que regulaba su racional y sesgada vida para pro-yectarlo ante otra nueva y auténtica.
Weir confronta dos mundos: el moderno: trivial, carente de sentido, nihilista frente al arcaico: sacro, pleno de sentido y periférico al moderno.
Época-lípsis: El Cataclismo purificador
Quién es David en el mito bíblico?
(Wikipedia)
Las hijas de David, Sophia (sabiduría) y Grace (gracia) + las apariciones premonitorias de Chris (Cristo) funcionan en esa clave bíblica.
David y Chris forman parte de un mismo linaje que tiene raíz en el Mulkurul, una tribu arcaica que creía en el ciclo vital: Apocalipsis – Renacimiento a partir de un cataclismo natural. La pertenencia sanguínea de David al Mulkurul (el linaje de Chris) le permite comprender (mediante sueños premonitorios) a aquello que, dentro de la matriz de pensamiento lógico-racional, es imposible.
La irrupción de lo oculto aparece a través de la onírica sombra de Chris (Cristo). El sueño es una esfera sub-conciente, no perteneciente a la vida racional.
Dos cosas importantes, primero dice que el hombre ha perdido algo, por ende lo tuvo. Segundo, tienen un significado.
El hombre extraña lo que alguna vez tuvo. La última ola es una película dónde el héroe empieza con cierto sentimiento de “extrañamiento” (en sus dos acepciones: como rareza y como anhelo de volver a vivenciar (extrañar)) y que luego de atar cabos, accede finalmente a la verdad (Cristo).
Weir apuesta a un hombre nuevo con una ética cimentada en sus propias raíces.
Respecto a las formas
Weir nos habla en clave platónica mediante el uso de sombras -mito de la caverna-.
En El año que vivimos peligrosamente el protagonista es mostrado a través de sombras mientras trabaja en su escritorio; en La última ola, la proyección onírica de David es la sombra es Chris. En The truman Show, sabremos al final, que todo lo que conocía Truman era mera sombra.
En The Last Wave, el agua vuelve a ser protagonista, recordemos su importancia en The Truman Show y en El año que vivimos peligrosamente.
El agua, nos dirán al final, es una suerte de preludio apocalíptico (época-líptico)
En La última ola el agua cumple la misma función dramática que el ruido crujiente de la roca volcánica en Hanging Rock. En ambas lo líquido=el caos=lo extraño=la naturaleza deviene para demoler un orden moral pedante e inauténtico.
Auto y Agua representan dos mundos en tensión, el moderno: seguridad, comodidad, protección, técnica y el antiguo: caos, pulsión, purificación, naturaleza.
Padre: Mi vida trata de un misterio
David: No, tú los explicas en la iglesia
David, el protagonista, dice: el hombre es más importante que la ley (refiriéndose a la ley humana) y Chris (Cristo) responde: No, la ley es más importante que el hombre (evidente referencia a una ley supra-humana).
David realiza el pasaje subterráneo hasta la playa, sin anteojos (ya no los necesita), ve venir la última ola, la finalización de una era.
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lunes 8 de septiembre de 2008
RedBelt: La Única Salida es la Moral
Por Budokán Lunes 8 de Septiembre de 2008
Estamos en un tiempo en el que los héroes deben volver para reinstaurar un orden de ideales que la ética actual parece haber dejado de lado. David Mamet, al igual otros realizadores contemporáneos, comprende perfectamente esta necesidad y la pone en juego en su último filme Redbelt. Con un guión escrito como es habitual en él, con maestría, nos regala una historia digna de heroísmo y valor cuando estos son elementos que parecen estar de modé.
La película abre como casi todas las de este guionista devenido en director con una perfecta presentación de personajes en situaciones que no llegamos a comprender totalmente. Sin llegar a narrar in media res, nos adentramos en la trama motivados más por querer saber que sucede que por identificación con alguno de los intérpretes. No está de más decir que aquí el universo de Mamet se hace presente con mucha fuerza. El engaño, la mentira sobre la verdad y la concepción ambigua de casi todos los personajes son una constante maravillosa que David no ha abandonado nunca en su filmografía.
Un maestro de artes marciales (Mike Terry) dirige una lucha en su gimnasio entre dos hombres. Cuando la pelea parece llegar a su fin con la victoria de uno de los luchadores, el instructor predica la frase clave de la obra: “Siempre hay una salida”.
A partir de la cita anterior los personajes de esta historia se verán acorralados ante situaciones en las cuales parece no haber un escape posible, por lo menos uno que se vislumbre con claridad. Un policía que no cobra su sueldo hace bastante tiempo caerá en el suicidio, una abogada que fue violada sentirá que ninguna ley la puede amparar, la esposa del protagonista corromperá su matrimonio para saldar una deuda monetaria, los hermanos de esta mujer venderán su honor marcial en un show de televisión, un productor cinematográfico y una estrella de cine se entregarán al alcohol y a la estafa. Sin embargo, el único y más comprometido de los personajes será el protagonista Mike Terry, que encontrará a través de valores ascéticos inculcados por su maestro japonés, la verdadera salida en un código ético ancestral. Él, es el único merecedor del cinturón rojo, premio del filme, porque comprende el sentido de ese símbolo, algo que a los demás les es completamente ajeno.
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