martes, 12 de agosto de 2008




La Costa Mosquito: un nexo entre dos mundos


Fabián, 12 de Agosto de 2008.
Sigo con Weir. Ahora con "La costa Mosquito".
La clave -al menos una de ellas- para comprender a Fox (Harrison Ford) en “La costa Mosquito” debo buscarla, me parece, en “La sociedad de los poetas muertos”. Allí, uno de los alumnos del profesor Keating, creyendo que su gesto sería bien apreciado por él, por “su Capitán”, se burla del rector haciendo sonar un teléfono mientras éste reprende al alumnado. Pasándole el tubo le dice: “es para usted. Es Dios”. El alumno es castigado físicamente por su falta. El profesor Keating, luego, en vez de festejar la ocurrencia, su acto de valentía y temeridad, le aconseja evitar ese tipo de exaltaciones que lo único que consiguen es ponerlo en evidencia y que podrían determinar su expulsión del colegio. Es decir, podrían quitarlo de en medio, sacarlo de circulación, aislarlo para el futuro.
Consciente de la existencia de dos mundos opuestos y, aparentemente, irreconciliables (el práctico, realista, positivista, del iluminismo cientificista, etc. por un lado y el espiritual, poético, interior, artístico por el otro. O, si se quiere, los opuestos Apolíneo-Dionisíaco) le insinúa que nunca hay que sacar del todo los pies del plato. Es decir, que los dos componentes del alma mencionados deben permanecer en armonía para que el ser humano pueda realizarse. Yendo más lejos, esta advertencia podría graficarse poniendo por ejemplo el caso de un pintor o poeta que decidiera aislarse del mundo, pintando/escribiendo para sí mismo, en su altillo, en completa desconexión con el mundo circundante.

¿Cómo sería su obra? ¿Qué sería de su obra? ¿Qué hay del receptor?
¿Qué consecuencias traería esa ruptura, esa negación (esa huida), ese recurso extremo?
(hasta podemos hacernos esta pregunta para inquirir sobre cierto cine que todo lo que hace es “mirarse el ombligo”)

Por lo pronto, en “la sociedad de los poetas muertos” vemos a un personaje (el alumno/actor) que no quiere (no puede) transigir, en ninguna medida, con “el sistema” y elige el camino del suicidio.

En “La costa Mosquito”, Fox, elige la ruptura sin concesiones y emprende un viaje sin retorno (hacia la locura)
Renegando de “la experiencia” humana (Haddy, el ángel protector que anda por allí, se lo menciona), desechando, en otras palabras, la cultura y la sabiduría producto de siglos de aprendizaje (hasta de lo que se ha aprendido mal, como es el caso de la sociedad positivista de la que huye) no hace otra cosa que INVOLUCIONAR. Camina hacia atrás. Al momento de su muerte decide que, si volviese a caminar, caminará en cuatro patas.

Se puede aventurar que ciertos personajes, ciertos lugares que presenta el cine de Weir, actúan como nexo entre dos mundos opuestos. Un portal comunicante en muchos casos. De la mano del (mesiánico) Fox dos mundos antagónicos son expuestos con toda claridad a la luz del día. De esa experiencia no se sale incólume. Su familia, es decir sus seguidores (a veces forzosos), contendrán un poco de los dos mundos. Seguramente en la justa medida. Que es lo importante. Gracias a quien se sacrificó actuando de nexo.